jueves, abril 17, 2008

Brasil: La vida de las mujeres destrozada por la crisis de seguridad pública en las favelas

Londres.- En un nuevo informe publicado Amnistía Internacional desvela la situación de las mujeres que se ven obligadas a vivir, a criar a sus hijos y a luchar por la justicia en las barriadas pobres de las ciudades de Brasil.

“Para las mujeres de los barrios marginados de Brasil la realidad es catastrófica –ha manifestado Tim Cahill, investigador sobre Brasil de Amnistía Internacional–. Son víctimas ocultas de la violencia criminal y policial que asuela sus comunidades desde hace decenios.”

El Estado brasileño prácticamente brilla por su ausencia en las comunidades marginadas, por lo que en muchos casos el único contacto que tiene la gente con el gobierno son las incursiones policiales militarizadas que se producen esporádicamente.

Aunque el gobierno federal ha puesto en marcha un nuevo proyecto que promete ocuparse de tantos años de negligencia que han contribuido a que exista esa realidad, apenas se ha hecho nada por analizar y abordar las necesidades específicas de las mujeres que viven en esas comunidades.

“En vez de brindarles protección, la policía suele someter a las mujeres a cacheos ilegales, que realizan agentes varones, así como a un lenguaje insultante y discriminatorio y a intimidaciones, especialmente si intentan interceder ante ella para proteger a algún pariente”, ha explicado Tim Cahill.

Las mujeres que luchan por conseguir justicia para sus hijos o esposos acaban en primera línea de fuego, expuestas a sufrir nuevas amenazas y hostigamiento de la policía. “Sin la presencia del Estado, en la mayoría de las barriadas pobres, los señores de la droga y los jefes de las bandas son la ley. Dispensan castigos y protección y utilizan a las mujeres como trofeos o como objetos de intercambio en sus negociaciones”, ha señalado Tim Cahill.

Utilizadas como “camellos” o como señuelos por las bandas de narcotraficantes, las mujeres son consideradas objetos de usar y tirar tanto por los delincuentes como por los agentes de policía corruptos.

Amnistía Internacional conoce casos de mujeres a las que han afeitado la cabeza por haber sido infieles y han obligado a brindar favores sexuales para pagar deudas. Un creciente número de mujeres acaban en el superpoblado e insalubre sistema de prisiones de Brasil, sometidas a abusos físicos y psicológicos, incluida, en algunos casos, la violación.

Los efectos de la delincuencia y la violencia se hacen sentir en la comunidad entera, menoscabando considerablemente la prestación de servicios básicos, como la atención de la salud y la educación. Si en una comunidad, las clínicas están dentro del territorio de una banda rival, las mujeres pueden verse obligadas a recorrer kilómetros para ir al médico. Los servicios de maternidad, las guarderías y las escuelas pueden estar mucho tiempo cerrados debido a operaciones de la policía o a la violencia criminal. Los trabajadores de la salud y los profesores no se atreven a veces a trabajar en estas barriadas asoladas por la delincuencia.

Las mujeres de las comunidades pobres soportan una tensión increíble. Una de ellas contó: “Vivo dopada. Tomo diazepam de ése para dormir. Porque si estoy lúcida no puedo dormir. Dopada, agarro mi hija, me tiro en el suelo para protegerme de los disparos y duermo toda la noche. Si mi hija pierde la muñeca, ya puede llorar toda la noche, porque en cuanto dan la ocho no salgo de casa para nada”.

“El Estado viola los derechos de estas mujeres de tres maneras –ha afirmado Tim Cahill–. Apoya prácticas de mantenimiento del orden público que son causa de homicidios, perpetúa un sistema en el que el acceso a la justicia es sumamente difícil, si no imposible, y condena a las mujeres a pasar grandes apuros.”

El Estado brasileño ha tomado iniciativas positivas, como reforzar la protección de las mujeres que sufren violencia doméstica mediante la introducción de la ley de Maria da Penha –que todavía no se aplica en su totalidad–.

A fin de abordar la violencia contra las mujeres, hacen falta con urgencia medidas a largo plazo y de largo alcance, dirigidas a mejorar la vida de las mujeres de las comunidades marginadas. Amnistía Internacional pide al gobierno federal brasileño que, como primer paso, integre las necesidades de las mujeres en el nuevo plan de seguridad pública, el Programa Nacional de Seguridad Pública con la Ciudadanía (Programa Nacional de Segurança Pública com Cidadania, PRONASCI).Información complementaria.

Fuente: El informe de Amnistía Internacional está basado en entrevistas realizadas a mujeres en seis estados –Bahia, Sergipe, Pernambuco, Rio de Janeiro, São Paulo y Rio Grande do Sul– entre 2006 y 2007.

CASA AMERICA: Presentación, América como civilización emergente, de Adolfo Colombres de Ediciones Amargord

Lugar: Casa América- Sala Borges-(Plaza de la Cibeles, 2- Madrid)
Día: 30 de ABRIL de 2008
Hora: 19:00 h.


LA HORA DE LA UTOPÍA AMERICANA

“Hablar de América como una civilización emergente no es una utopía irrealizable: es el único camino que tenemos para asumir nuestra diferencia en términos de un proyecto que nos asegure un lugar digno en el nuevo milenio. No asumirnos como civilización es aceptar la servidumbre espiritual, conformarnos con ser el furgón de cola de Occidente, renunciar al futuro”.

Adolfo Colombres analiza y confronta este ensayo el pensamiento libertario, que va de Francisco Miranda, Simón Rodríguez, Bolívar y Artigas a Darcy Ribeiro y Guillermo Bonfil Batalla. Lo reformula y actualiza con el fin de contrarrestar la violenta recolonización en marcha.

Plantea Adolfo Colombres (Tucumán, Argentina, 1944) el origen de este libro en la conciencia de que América ha comenzado el tercer milenio casi sin proyectos colectivos capaces de afirmarla ante el mundo como una civilización emergente, esa provincia humana nueva a la que refería Darcy Ribeiro. Mirando hacia atrás, vemos que nuestra entrada al siglo XX fue en cambio pujante. Tan alarmante falta de proyectos está mostrando la enfermedad que aqueja a nuestro espíritu utópico, justo ahora que ha llegado al parecer el tiempo de llevarlas a cabo.

La primera versión incompleta del ensayo se hizo en el año 2000, en La Habana, a cargo del Instituto Juan Marinello, y se llamó La emergencia civilizatoria de nuestra América. Después el libro fue completado y publicado en Argentina y Venezuela con el nombre de América como civilización emergente, título con que se reedita ahora en Ediciones Amargord.

“Trabajo en el eje de la definición de civilización, o sea, ¿qué somos? Es curioso, pero la gente no sabe responder a esta pregunta.”

No definirse como civilización es, de hecho, aceptar ser el furgón de cola de Occidente y renunciar al futuro. Si las clases dominantes optan por la civilización occidental convertirán la democracia en una ficción.

El regreso a la palestra de los intelectuales

"La idea primera se originó en la conciencia de que Nuestra América comenzaba el tercer milenio casi sin proyectos colectivos capaces de afirmarnos ante el mundo como una civilización emergente".

Apunta Colombres en el prólogo que no se precisan mayores pruebas para demostrar que en la década de los noventa no sólo los intelectuales posmodernos, sino también los que se sentían o decían estar comprometidos con los destinos de la región, se tomaron unas largas vacaciones. Pero más que una crítica hacia ellos este libro es un llamado para que regresen a la palestra y se hagan cargo del destino de la región, a fin de que no sean los banqueros los que decidan su futuro, encaminándonos como ovejas por el american way of life que constituye, junto con los dictados de la “cultura” de masas, el contenido real de lo que hoy se llama “globalización”.

"América como civilización emergente no expresa un pensamiento individual. Lo que en realidad me propuse es ensamblar en un sistema un pensamiento americanista que viene desde principios del siglo XIX, sostenida por aquellos que lucharon en primera línea, con o sin armas en las manos, y que no tuvieron tiempo para escribir, declara Colombres.

La definición de civilización

"Nuestra América es el título de una obra cumbre de José Martí, publicada en 1891 para potenciar el movimiento latinoamericanista. Puede tomarse esta obra como un humilde homenaje a este hombre quien llegó a decir que si la guerra mayor que se nos hacía era con el pensamiento, había que ganarla con el pensamiento. En un plano más próximo quiero honrar aquí a Guillermo Bonfil Batalla y Darcy Ribeiro. Ambos dejaron planteado el problema civilizatorio, tras avistar las cuestiones que más pesarían en el despunte del tercer milenio. La definición de civilización no es simple. Implica trabajar a todos los niveles en función de una propuesta específica, tanto una visión de lo ecológico como de las estructuras sociales, de la literatura y el arte. La civilización siempre se define por grandes principios que la vertebran", dijo Colombres.

Muchos años atrás, Manuel Ugarte veía en el “colonizaje mental” una detestable servidumbre espiritual. Para salir de esta triste condición proponía “crear con el esfuerzo diario valores nuevos y una civilización diferenciada”. El objetivo sigue siendo el mismo, por lo que es hora de levantar el polvo de esa vieja bandera humillada, como en un acto de fe en nuestro destino y en la ética que fue conquistando la especie humana en su larga trayectoria de los tiempos.

* América como civilización emergente está publicada en la colección Los orfebres de Ediciones Amargord.
http://www.amargordia.blogspot.com/

Adolfo Colombres es narrador y ensayista. Nació en Tucumán, Argentina, en 1944. Se graduó en Derecho en Buenos Aires, ciudad donde reside, y realizó luego estudios de Filosofía, Literatura y Antropología. Su ya vasta obra antropológica incluye, entre los más relevantes, títulos como La colonización cultural de la América indígena (Quito,1977), La hora del “bárbaro”. Bases para una antropología social de apoyo (México, 1982), Sobre la cultura y el arte popular (Buenos Aires, 1987), América Latina: El desafío del tercer milenio (Buenos Aires, 1993), Celebración del lenguaje, Hacia una teoría intercultural de la literatura (Buenos Aires, 1997), Seres mitológicos argentinos (Buenos Aires, 2001) y Teoría transcultural del arte. Hacia un pensamiento visual independiente (Buenos Aires, 2004). Como narrador publicó trece novelas (la última: El desierto permanece, es de 2006) y un volumen de cuentos, El ropaje de la gloria (1997). Recibió varios premios por su obra literaria y antropológica en Argentina, México y Cuba.

Fuente: ediciones Amargord.