martes, mayo 09, 2006

"Los directores nuevos sólo quieren ascender al nirvana de Hollywood"




Thomas Vinterberg se inició como todo director realizando cortos. En ese entonces tenía 24 años y no tuvo que esperar mucho para darse a conocer ya que su novedoso estilo para manejar la cámara lo llevó directamente desde Copenhague a los premios Oscar con la “Última visita (Sidste Omgang, 1993)”. Luego, su debut como director de largometraje fue con Héroes (De største helte, 1996), película premiada en Rouen y Madrid. A este filme le siguió La celebración (Festen, 1998), el largometraje que le valió el aplauso internacional y unánime de público y crítica. Su última película, Todo por amor (It´s all about love, 2002), estuvo protagonizada por Joaquín Phoenix, Claire Danes y Sean Penn.

Sin embargo, el gran salto que le hizo ser conocido y venerado por los cinéfilos hastiados de la fórmula Hollywoodense lo dio cuando, junto a Lars Von Traer, fundó el movimiento Dogme 95, o lo que ellos llamaron una operación de rescate para recuperar la pureza del cine.

Ambos, como si fueran hermanos de sangre, redactaron un decálogo de reglas llamado el Voto de Castidad de Dogma95. Vinterberg fue el primero en inaugurar este movimiento, que hacia un urgente llamado a los directores a otorgar la máxima importancia al guión y a los actores, y por supuesto, dando una menor relevancia a la fotografía y, sobre todo, nada de efectos especiales o elementos que se liguen con la meca del cine. Es decir, sólo ambientes naturales y cámara en mano.

Este vikingo danés de más de 1,95 de estatura estuvo en Madrid haciendo conferencias a futuros cineastas sobre como realizar “Cine Inteligente” o cómo dar énfasis a la creatividad que a los efectos especiales. “Para mí un cine inteligente es hacer cine con valentía, un cine que explore territorios nunca antes vistos ni pisados”, comenta a los estudiantes y continua: “El cine debe tratar de desarrollar situaciones tontas, nuevas, fuera de toda normalidad que saquen al espectador de su mundo reglamentado. Mi idea no es hacer cine con el sentido de hacer carrera sino con la idea de generar emociones fuertes y diferentes”.

Dogma murió en forma natural

Ahora con 37 años y a 10 de la fundación de Dogma95, Vinterberg intenta responder en que terminó el movimiento anti-hollywood y que pretendió revitalizar a André Bazin, a los Cahiers du Cinema o a los herederos del neoliberalismo italiano. “De Dogma definitivamente no queda mucho. En ese momento existía mucha mediocridad, mucha pereza artística y este movimiento surgió como una energía repugnante, con ideas rebeldes que no querían más el cine convencional, el cine de autor que veíamos en las pantallas grandes. Además, cuando iniciamos Dogma95 nos dijeron de todo. Qué estábamos locos, que íbamos a perder nuestras carreras. Pero al revés de lo que nosotros creíamos este movimiento tomó vida en forma impresionante y tuvo un éxito enorme, y eso me acorraló porque no tenía más fuerza para crear ideas rebeldes”.

Para el director danés este movimiento ahora esta muerto pero explica que lo bueno es que su deceso fue por causas naturales. “Dogma, luego de un tiempo, se convirtió en algo muy normal, mas bien se aburguesó. Tuvo su día, su momento, puede que vuelva pero no será una influencia”, dijo.

Con respecto a que rescata del cine hoy en día, Vinterberg plantea que la gente lo que gusta ver mucho son documentales. “Los éxitos de este modelo de filmación radica en que se acerca mucho a los mandamientos del entonces Dogma95, porque muestran más realidad y no tanta ficción ni efectos especiales. Es más cercano a la vida del espectador”. Asimismo reconoce que no está muy informado del cine europeo ni norteamericano, y que sólo ha visto de cine en español “Y tú Mama también”.

En cuanto a su parecer de Hollywood nos responde en forma sarcástica. “A mí me gusta lo que entrega este negocio y lo claro y lo limpio que son sus administradores en cuanto a lo que buscan y quieren. Y lo dicen sin problemas. Ellos son muy honestos en cuanto a lo comercial. Incluso publican los presupuestos de las filmaciones en los periódicos, me encanta esa verdad con que se expresan”.

Luego más serio comenta que últimamente lo único que le ha gustado del “showbusiness” es la película de Sofía Coppola, “Lost in Translation”. “Sofia Coppola es valiente, inteligente, exitosa. Su película es una de las más ricas que he visto de Hollywood en el último tiempo. Ella aprovechó lo frágil, lo fino de su guión porque al alargar los silencios de sus escenas posibilitó que la película tuviera grandes momentos dramáticos y humanos. Eso le dio un sentido emocional muy poderoso a su película”.

Sin embargo, Thomas Vinterberg no puede mantener en silencio su crítica contra sus compañeros de dirección. “Los directores del momento o los nuevos, lo único que quieren es llegar a Hollywood, ascender al terreno del nirvana de Hollywood. Pero eso para mí es muy aburrido, porque al final lo que hacen es ver la dirección como un trabajo, como una ambición no como un deseo del fondo del corazón o de la mente”, predica.

En cuanto a los comentarios de la prensa de que se vendió al no seguir en“All about Love” con el decálogo de Dogma95, el creador danés dice que “que cogí cierta adicción de pisar terreno frágil. La verdad es que quería palmar, tocar otra pared. Por lo tanto, tomé las normas de Dogma y las di vuelta. ¿Como así?, pues bueno, si Dogma dice que no se debe ocupar nada de música en la película, lo que hice fue ir a buscar al mejor músico de Dinamarca. Así fui contradiciendo los Dogma para ver que salía de esta película. En fin, todo resultó muy difícil de terminar pero fue interesante el reto que me propuse. La verdad es que el decálogo se puede aplicar de muchas formas, es muy adaptable. Pero puedo decir que “All about Love” es una película buena, grande pero sin éxito”.

Y apunta: “Además lo premios para mi son absurdos. Hacer cine no es un deporte. No se pueden comparar un Van Gogh contra un Picasso. Los cineastas no deberían tomar tan en serio los premios. Porque estos facilitan un polvo pero no te ayuda a hacer mejor tu cine y además, te coloca perezoso porque te dejas caer en ese exitismo. Es como las drogas, te gustan, son ricas, pero luego de ellas estas hechos mierda y te cuesta recuperarte para empezar a crear de nuevo”.


Los Hippies y Lars Von Trier: Sus influencias

La niñez de Thomas Vinterberg fue vivida mayormente en una comunidad hippie. Sus padres eran periodistas que por los años 70 optaron por ese estilo de vida, algo muy normal en la sociedad danesa en ese tiempo. “. Me crié con gente desnuda y pase la mayor parte de mi niñez viendo genitales por todos lados. Yo crecí muy contento entre hippies porque los que conformaban mi comunidad eran personas muy inteligentes, muy agradables. Pero tras separarme de ellos me contagié de una enfermedad: Me era imposible estar sólo. Y es así, no me gusta la soledad, ni en los baños me gusta estar sólo pese a que lo intento”.

Este fragmento de su vida da pie para entrar a otro tema: ¿qué es lo que influencia sus películas?”Un periodista, hace un tiempo, al hacerme una entrevista me analizó a través de mis películas. El me dijo que siempre mis películas pasan en comunidad, en grupo de personas, que no son normales, que infringen las leyes, etc. Y tenía razón porque si ves las películas de Lars Von Trier o las mías siempre son grupos de 4 personas haciendo el caos o cualquier otra cosa contra sistema. Mis guiones van en ese sentido, o sea generan momentos irracionales. Crear energía caótica es lo mejor que se hacer”.

La comparación que hace Vinterberg con Lars Von Trier es necesaria. Han trabajado juntos en “Dear Wendy” a partir de un guión escrito por este último y la relación no se ha roto hasta ahora pese a que los medios han intentando enfrentarlos. “Lars tiene 50 años, es un tipo matemático preciso, es un jugador de ajedrez cuando esta dirigiendo. El ve el mundo desde arriba y se puede ver claramente en sus películas Dogville, Vanderley. En cambio, yo soy un ser humano bueno, pero banal y confuso, y veo el mundo a través de mis actores. Me preocupa más la fragilidad humana. Lars es el cerebro y yo soy el corazón. Lars Von trier es un mounstro y yo también pero no tenemos problemas porque cada uno tiene su parcela para trabajar cuando realizamos un proyecto juntos. Podemos cada uno proponer pero no ordenar” y frente a los rumores de un mal termino de la relación entre ambos señala que “cuando hemos trabajado juntos, la colaboración entre los dos ha sido extraordinario, pero finalmente el corte con su influencia se ha dado de forma natural y sin ningún problema”.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

"La verdad es que volveré a mis inicios, a mis orígenes. Es decir, mucho amor, mucho sexo, lleno de almas desesperadas y será bastante torpe. En junio comenzaré a rodar en Copenhague”, yo diría también que mucha utopía.
Hoy también hay mucho sexo, no estaría segura que mucho amor y por supuesto que almas desesperadas. Pero ¿y las utopías? políticas o lo que llamamos sociales, el antiautoritarismo y las protestas contra la guerra, contra el capitalismo feroz, el imperialismo yanqui, contra la basura mediática, la lucha de generaciones, solo para citar algunas. ¿Dónde quedan?
Guga

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